Los Juegos del Hambre: Sobrevivir no es juego de niños.

Dirigida por Gary Ross (Seabiscuit) y escrita por el mismo en colaboración con la autora de la obra literaria, Suzanne Collins, Los Juegos del Hambre está ambientada en un futuro no muy distante donde la guerra (civil, aparentemente) a creado un nuevo estado llamado Panem, el cual se divide en doce distritos y una ciudad capital. El gobierno ha formado los juegos del hambre de cierta forma para mantener la paz a través del miedo.

Los participantes son elegidos por sorteo, un hombre y una mujer por distrito, y llevados a la capital, donde a través de todo un sistema mediático muy fuerte, los participantes son preparados, examinados y aprobados por el sistema.

Los juegos consisten en ser el único en sobreviviente de entre los veinticuatro participantes. El que vive, gana y es coronado campeón de los juegos y al año siguiente se repite todo una vez mas.

Una de las grandes virtudes de esta película es que tanto el guión como el director logran centrar la atención en la historia de Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) y su relación con la sociedad en la que vive, no en la violencia de los juegos.

De cierta forma la historia se desarrolla a pesar de los juegos y dentro de ellos.

La dirección toma algunas decisiones que,desde mi punto de vista, son desatinadas. La cámara es frecuentemente des estabilizada y moviéndose al mismo ritmo que el protagonista, creando el mismo vértigo que la Bruja de Blair pero sin la excusa de ser un falso documental.

Fuera de eso, es efectivo, presenta la historia a buen ritmo y de forma interesante. La estética de la Capital es muy particular, es como si Lady Gaga hubiera impuesto sus reglas. Coloridos, excéntricos y profundamente superficiales, los ciudadanos de la Capital parecen vivir en un mundo aparte.

La actuación de Jennifer Lawrence y Josh Hutcherson (Peeta Mellark) es satisfactoria, nada sobresaliente. Donald Sutherland (Presidente Snow) y Woody Harrelson (Haymitch Abernathy) sobresalen claramente pero el show se lo lleva Stanley Tucci en su papel Ceasar Flickerman, el anfitrión y principal comentarista del espectáculo que son los Juegos del Hambre.

Definitivamente una película entretenida, una historia solida y bien narrada que, a pesar de sus pecados, logra mantener interesado al espectador. Bien vale el boleto de entrada, cuando menos, para poder platicarla con sus amigos.